Tal vez suene un poco extremista, pero puede que hoy se haya terminado el ciclo de Sergio Romero en la Selección Argentina. Los motivos pueden ser varios. Sus 31 años (pese a la extensa vida útil de los arqueros), alguna buena actuación de quien ataje en Rusia. O simplemente la libertad de Sampaoli de comenzar a armar su equipo, sin los compromisos asumidos al agarrar el cargo de urgencia. A partir de 2019, seguramente el ex entrenador de Chile vaya más a fondo con sus gustos personales, algo que podría excluirlo. Más aún si es suplente en su club y no tiene partidos en el conjunto nacional que lo mantengan convocable y vigente.
Fuera de las conjeturas, hablamos de un tipo que expone una cuestión social y también muy vista en el deporte: no vender humo es perjudicial. Portador de un perfil bajísimo, este jugador soporta críticas ininterrumpidamente desde 2010. Apenas fue valorado cuando se puso en el arco y no desentonó, pero ya después de Sudáfrica comenzaron a querer buscarle reemplazo.
No falló en aquella cita mundialista, así como tampoco en la Copa América de 2011. En Brasil fue sólido, pese a dos años de cuestionamientos feroces. Se posicionaba a cualquiera por sobre él, pero pocas veces esgrimiendo motivos.
Tras aquella gesta contra Holanda, gozó de un poco de respaldo. Pero apenas fue el viento de cola mundialista. Otras dos competiciones americanas con rendimiento aceptable no bastaron. Siempre que algún guardameta asomaba, justificaba con poco la idea de sacarlo de su lugar.
Cuando lo acechaba el lobby más intenso de todos los que le tocó afrontar, se encontró con esta inoportuna lesión. No sabremos si finalmente corría peligro su titularidad o si realmente llegaba al torneo y fue bajado. No mostró grandes signos de preocupación en la previa, como quien sabe que debe demostrar una y otra vez su valía. Y ojo que no estamos hablando de Fillol. Hablamos de Romero, dueño de los tres palos argentinos en tres Copas América (16 partidos, 7 goles en contra) y dos Mundiales (12 y 10). Que superó el récord de imbatibilidad del propio Ubaldo Matildo en citas mundialistas y es el de más presencias en su puesto a nivel histórico en el combinado nacional (94). ¿Falta de competidores? Tal vez, pero algún otro mérito debe tener.
Todos los que rezaron para tener a Armani en cancha podrán darse el gran gusto de ver materializada su exigencia, con resultados aún inciertos. Romero tendrá que pelearla para volver. Con atajadas como único recurso y sin que le zumben los oídos por ser protagonista de alguna movida mediática.
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