martes, 14 de noviembre de 2017

La Argentina de Europa

El derrumbe de los jugadores italianos tras el pitazo final fue más que un acto espontáneo al quedar afuera de Rusia 2018. En parte, fue una metáfora de lo que el Calcio viene sufriendo hace una década.

La caída del fútbol italiano puede verse en señales claras. La más obvia, las dos eliminaciones en Primera Ronda, tanto en Sudáfrica 2010 como en Brasil 2014. En Eurocopas el camino había sido algo más amable. Caídas en cuartos de final siendo campeones del mundo (2008), una final perdida por goleada tras vencer a Alemania en semis (2012) y un digno acceso a Cuartos de final para caer ante los germanos (2016). El denominador común fueron los cambios de entrenador y por ende, de estilo. Donadoni estuvo en 2008. Para Sudáfrica volvió Lippi, campeón en 2006 y capitán del naufragio cuatro años después. 2012 tuvo el comando de Prandelli, quien salió eyectado tras el golpe en 2014. Conte se puso el traje en 2016 y finalmente Ventura condujo hasta esta eliminación (¿prematura?). Demasiados nombres, ideas y esquemas sin poder lograr un recambio necesario. Los Totti, Del Piero, Pirlo o Cannavaro no crecen de los árboles.



No menos significativo es el andar de los equipos de la península en competiciones europeas. Mientras que la Juventus ha jugado finales de Champions en 2015 y 2017, hay que remontarse al título del Inter en 2010 para encontrar otra escuadra de este país superando los cuartos de final. Y antes de eso, la consagración del Milan en 2007. El resto de los conjuntos han pasado por dicho torneo haciendo agua, y en muchos casos pasando papelones. En la Europa League no ha sido muy diferente. Apenas han colocado un semifinalista en 2008, otro en 2014 (también Juventus) e incluso dos en 2015. Ninguno pasó a la final. Demasiado poco para la que solía ser una potencia.



¿Más motivos para esta notoria decadencia? Varios. La falta de sucesores deviene de haber quedado atrás en el mercado internacional de pases. Mientras en los '90 y los 2000 las estrellas consideraban el Calcio como una opción firme, en los últimos diez años ninguno de los top a nivel mundial aterrizó en la liga. Los clubes no supieron generar mejores ingresos y dejaron de ser competitivos respecto a los otros grandes europeos. ¿Resultado? Empezaron a caer jugadores medio pelo, inclusive en los equipos más grandes. Esto ocasionó que muchos de los combinados que eran capaces de arrasar a nivel local, se vieran muy lejos de poder competir continentalmente.

Que el equipo turinés haya sido el único capaz de asomar la cabeza fuera del país explica su capacidad de adaptación a los tiempos que corren. Por eso se llevó las últimas siete ligas. Otra señal inequívoca de falta de competitividad.



Se habla de una chance para Carlo Ancelotti, entrenador de sobrados pergaminos. Sería, además, cortar con la anacrónica tradición de una Azzurra amarreta. El entrenador estaría interesado, siempre y cuando le den libertad para armar un proyecto. Fue necesario el porrazo y tocar fondo para obligar a considerar ese planteo. Argentina no anduvo muy lejos de correr la misma suerte. Tras el caos dirigencial, emergió el descendiente de italianos Lionel Messi para oficiar de salvador. 

Tal vez,  si Italia deja de conspirar contra lo propio trayendo material de segunda, la ecuación pueda cambiar. No va a sacar uno como Lionel, pero ver el mundial por TV se convertirá en recuerdo lejano y borroso más temprano que tarde.

viernes, 6 de octubre de 2017

Polaroid de locura ordinaria

Cuando el 5 de julio de 2016 renunció Martino, pocos lo lloraron. El "Andate Martino" se había convertido en un chiste cada vez más recurrente en las redes sociales (donde sobran los tirapostas, más aún en el fútbol). Venía de perder su segunda final de Copa América, competición en la cual Argentina ganó todos sus partidos (la mayoría por un amplio margen) menos el último, donde otra vez cayó por penales.


En aquel tiempo la AFA ardía en una guerra dantesca. Ya se había consumado el papelón de la elección 38-38 y Macri, a través de Angelici, pulseaba para que Tinelli no pudiera llegar al poder. El entrenador renunció sin que nadie se inmutara, luego de que le negaran decenas de jugadores para el Sub-23 que intentaba armar de cara a los Juegos Olímpicos. El resultado posterior, por supuesto, fue nefasto. Eliminación en Primera Ronda de un grupo cuyos rivales eran Honduras, Portugal y Argelia.
No se trata de ponderar a Martino como si hubiese sido el equivalente a Guardiola en sus mejores años del Barcelona. Pero es innegable que ante su salida de la selección se perdieron los últimos rasgos de cordura. Desde ahí, el desastre se acentuó de manera exponencial. Un equipo que venía de disputar dos finales consecutivas (en las que no pudo hacer pie, pero no estuvo lejos de ganar), comenzó a dudar. Y no en finales, sino antes.


Pasó Bauza sin pena ni gloria y ahora Sampaoli está siendo devorado también. Entre ambos, apenas se pudo redondear un partido de nivel aceptable (3-0 a Colombia). El resto fueron puros nervios, empuje y fundamentalmente fragilidad anímica. El gran problema de esta selección es que los jugadores parecen estar sufriendo y en soledad. No hay la menor contención ni liderazgo desde afuera. Son marineros que se tienen que encargar de manejar el barco, emparcharlo y hacerlo llegar. Y aunque cambien los intérpretes, la música es la misma. Del fuego sagrado que tuvo Maradona (o el que le asignan, ya que él también supo de derrotas) no queda stock, por lo que sería absurdo exigirles que asuman toda la responsabilidad.

Hoy somos la consecuencia de la muerte de Grondona y un vacío enorme de representación adquirido gracias a las disputas personales de los Macri, los Angelici, los Tinelli, los D'Onofrio y varios más. Ese tipo de dirigentes que son fáciles de identiifcar, porque cuando hay que aportar liderazgo, están hablando sobre en qué cancha conviene jugar para meterle presión al rival.

miércoles, 24 de agosto de 2016

¿Qué te puedo cobrar?

Lo que pasó en Uruguay fue fascinante. PUMA, que viste a la selección desde hace años, ofreció 750.000 U$S para renovar el vinculo (por año). Nike apareció y por el mismo período, propuso 3,5 millones. Para cualquiera sería lógico inclinarse sin dudas por la segunda oferta, pero no. 

Resulta que los felinos (?) llegaron a la selección de la mano de Tenfield, la empresa que maneja los derechos de televisación de todo deporte acontecido en ese país. Esta corporación, comandada por el mafioso de Paco Casal, tiene también como caras visibles a Francescoli y a Nélson Gutiérrez, dos ex River. Ambos ofician de cómplices en los múltiples desastres que este delincuente generó en el fútbol celeste. Extorsión a clubes con préstamos usureros, a la AUF (Asociación Uruguaya de Fútbol) y manejos poco claros en cuanto contrato participaron.




Como se les caía un curro, los muchachos presionaron para que varios clubes voten en contra de un contrato CUATRO VECES MAYOR. ¿Fundamentos? Andá a encontrarlos. La elección salió 10-9 a favor de la marca de la pipa. Si, no salió 19-0 como ocurriría en cualquier ámbito sensato. Fue fundamental (sino, quien sabe cómo salía) que los jugadores se pusieran firmes y exigieran que se pondere la mejor oferta. Y avisaron que si se imponía la menos ventajosa, exigirían por sus derechos de imagen un monto acorde a lo rechazado.

En Uruguay aún hay revuelo por el asunto y Tenfield tiene 20 días para igualar el monto e imponerse por tener clausulas a favor. Todo es posible.

jueves, 18 de agosto de 2016

El Chapulín Laureado

Acorde a su rol de obrero, el Chapu eligió irse en silencio. Apenas avisó que era el final de su carrera en la selección, sin intentar robarle flashes a Manu. A sus casi 37 años, dijo que había dado "todo lo que tenía para dar".


¿Habrá sabido Najnudel que era capaz de tanto? El enorme León, impulsor de la Liga Nacional de Basquet hace treinta años, lo descubrió jugando en Unión de Santo Tomé siguiendo un dato.

"Yo sabía que iba a venir, pero muy pocos en el club estaban al tanto. Tal es así que le cobraron entrada y todo. Se sentó entre la gente y a los quince minutos se levantó y se fue. ¡Quince minutos! Yo estaba en la cancha y no lo podía creer. Mi viejo lo fue a buscar y le preguntó qué había pasado, si había algo mal o se había molestado. "No se haga problema Nocioni, ya vi lo que necesitaba ver. Su hijo se va a jugar la Liga Nacional para Racing. Yo ahora me voy a comer en un restaurante de por acá que me dijeron que hacen un muy rico pescado”, cerró el legendario entrenador.


Veintiún años después de aquel hallazgo, Andrés Marcelo Nocioni abandona la selección (esa en la que apenas aspiraba a jugar "algún sudamericano") con tres Mundiales, cuatro Juegos Olímpicos en su haber. Con medallas olímpicas de Oro y Bronce, Subcampeonato mundial, un par de FIBA Americas y un Sudamericano. Fue parte del equipo más legendario de la historia del deporte nacional, como símbolo no sólo de la garra, sino del temple, de la superación, la sinceridad (aún en los malos momentos). la caballerosidad, el juego y la voluntad de ser mejores. Desde su arribo, Argentina empezó a codearse siempre con la gloria. Hoy, no sabemos si volveremos a vivir algo semejante


"La Generación Dorada significó mucho para la gente. Feliz por haber participado en un ciclo histórico. Jugué cuatro Juegos. Esto fue increíble. No hay manera para explicarlo. Estoy muy agradecido".

No es posible comprender lo vivido estos quince años, pero se puede intentar con dos palabras: Chapu Nocioni.

sábado, 16 de julio de 2016

Dolor de Boca

Pasadas las broncas y los coletazos de la eliminación copera, quedan las cenizas. El resabio de lo que pudo ser. A partir de ahí, llegan las primeras conclusiones.

El equipo

Boca llegó a una semifinal que podía esperarse en algún momento, pero no en tiempos recientes. Inmerso en una crisis de juego desde hace meses, el equipo vio salir a Arruabarrena del banco, poco después de dos títulos que "blindaban" su continuidad. El 2016 arrancó tenue y con una derrota dolorosa contra San Lorenzo. El ex entrenador, quien ya había probado hasta donde le daba en su puesto, no mostró respuestas. Llegó Guillermo Barros Schelotto, con una espalda enorme y con varios conceptos criteriosos que sirvieron para generar orden. Pero este combinado no es el de 2015 y ni siquiera era tan bueno entonces. El torneo local fue penoso, los suplentes que lo jugaron nunca dieron la talla (y confirmaron que no hay un plantel largo) y en la Copa se avanzó con sufrimiento siempre. Se la pasó mal por momentos contra Cerro y Nacional, en ambos partidos. Siempre se alternaron momentos de contundencia y dominio con otros de desconcierto y viendo la pelota en los pies del rival. Contra Independiente fue igual. Hubo ventaja en la ida y en la vuelta, contundencia y momentos de buen fútbol. Pero siempre esos instantes se diluyeron de manera inexplicable. En octavos y cuartos fue un aviso, después fue derrota.


Los jugadores

Es un lugar común hablar de ciclos cumplidos cuando se pierde o se culmina una instancia. Posiblemente en Boca los hay desde hace tiempo. No necesariamente obedecen a rendimientos sino a un conjunto de cualidades que se esperan/necesitan de algunos jugadores. Orión mostró algo superlativo contra Nacional y defeccionó contra Independiente. Cata Díaz y el recién llegado Insaurralde tienen historia pero bastante edad (sobre todo el primero) y se lee peligroso que ambos sean los centrales. Los tres son "referentes" cuestionados, asociados a la derrota y eso hace mella. Peruzzi vive lesionado, lo que atenta contra cualquier análisis. El medio extraña a Gago pero Cubas ya empieza a tener sus propias responsabilidades. También Pérez, pero no unas que excedan su talento. El caso paradigmático es el de Tevez. Apañado por el periodismo cómplice y servil, mostró destellos de talento en 2015 y muy poco este año. Es un gran jugador, pero en las difíciles no te salva nunca. Hay tipos que nacen con esa facultad, otros no. Creer otra cosa ya trasciende al propio jugador. Tampoco hay suplentes de relevancia. En la semifinal no había expectativa alguna de un recambio salvador.


El técnico

A Guillermo empezaron a caerle las primeras críticas, dado que tuvo un mes para laburar con el equipo y llegaron los primeros refuerzos propios. Al ex jugador le cabe la responsabilidad por lo que hagan los recién llegados (no tanto por ponerlos, como algunos cuestionaron). Zuqui tuvo que jugar por las urgencias del puesto. Benedetto y Bou tuvieron oportunidades limitadas y eso hace imposible juzgarlos. En las semifinales el alineador no pudo revertir la tendencia lagunera de sus dirigidos y tampoco pudo dormir los partidos en contextos favorables. La falta de respuestas individuales corresponde a los que entran a la cancha. Cabe preguntarse si había mejores nombres para elegir. Sin ser oportunista, habría que decir que no.


La dirigencia

Nefasta como siempre. Lanzado de lleno a ejercer su voz de mando en el poder judicial y siendo el hombre de Macri en el proyecto de la Superliga, Angelici ni apareció en Boca. Segundones sin peso se ocuparon de tomar protagonismo y fueron aún más lamentables que él. Llenaron micrófonos mostrando "optimismo" en pasar de ronda, pese a que no consiguieron los mejores refuerzos y son responsables de haber confeccionado este plantel. Regalaron a Lodeiro, desperdiciaron la chance de quedarse con Tobio (y antes, con Forlín, Torsiglieri y Burdisso). Se pelearon por entradas para la ida y dejaron gente afuera (como siempre) a la vuelta. Nunca se hacen cargo de nada y en la mala desaparecen de las fotos.


El futuro

Pasados unos días no hubo grandes novedades. El técnico cuenta con un mes para reformular y se estima que pedirá jugadores. Lo curioso es suponer que esto se dará una vez consumada la derrota, cuando una victoria y un potencial mundial de clubes hubiese sido un sustento mucho mayor para reclamar nombres rutilantes. Se habla de salidas de "líderes", pero ninguno dio el paso adelante. Falta de grandeza o búsqueda de revancha, dependerá de quien lo mire. A Boca parece alcanzarle por ahora para hacer un digno papel en lo que se viene. Si quiere volver a ser un gigante, deben cambiar nombres, actitudes y compromisos, en todas las patas que hacen al fútbol del club.

jueves, 30 de junio de 2016

Los octavos serán los primeros

En la primera edición de la Eurocopa con fase de grupos seguida de octavos de final (consecuencia del récord de 24 participantes) hubo duelos picantes y algunas sorpresas.

Suiza 1 (4) - Polonia 1 (5)



Duelo parejo para arrancar esta fase. Los helvéticos como es habitual, eligieron arriesgar poco. Polonia no quiso asumir tampoco el rol protagónico y se dedicaron a esperar el error rival. Blaszczykowski puso el 1-0 a los 39', tras una gran maniobra de Lewandowski. Eso obligó a Suiza a avanzar un poco, pero jamás quemó las naves. Gracias a una chilena bárbara de Shaquiri pudo empatar a los 82' y tuvo buenas chances en el alargue, pero fueron a penales. Ahí erró solamente Xhaka y el pase fue para los polacos.

Gales 1 - Irlanda del Norte 0



Otro "clásico" británico. Partido aburrido, cerrado y de poca búsqueda limpia. Se asemejó a la vieja Premier, esa de los pelotazos. El juego se definió por un centro de Bale que McAuley se metió en contra, a quince minutos del final. Esa acción le concedió al delantero del Real Madrid todos los flashes, y fue más que suficiente para ganar. Así de pobre fue la cosa.

Croacia 0 - Portugal 1



Sumamos este otro al grupo de los cruces mediopelo. Sin embargo, fue Croacia quien hizo bastante más por llevarse el pase. Llegaron como primeros tras vencer a España y mostraron iniciativa todo el partido. Sin ir más lejos, previo al gol portugués estrellaron un tiro en el palo. Los de Ronaldo tuvieron serios problemas para armar juego y se salvaron por la ineficacia croata y la pericia en una contra en el alargue concretada por Quaresma.

 Francia 2 - Irlanda 1



Las casas de apuestas se sobresaltaron al principio, cuando el visitante marcó a los dos minutos: penal tonto de Pogba y gol de Brady. Tardaron como veinte minutos en reaccionar los de Deschamps, pero Irlanda estaba bien plantado y hasta salía de contra. Cuando los nervios empezaban a crecer, Griezmann demostró su plenitud actual y metió doblete, entre los 57 y los 61. No les sobró tanto, pero Les Blues se metieron en cuartos.

Alemania 3 - Eslovaquia 0



Trámite. El campeón del mundo, candidatazo, borró a los clasificados terceros, como se podía esperar. El primero fue de Boateng a la salida de un córner, cuando iban apenas 8 minutos. Alemania fue muy superior y el segundo a los 43 por intermedio de Gómez fue una confirmación de lo que se veía. Draxler estuvo imparable y metió el tercero. Sin transpirar, el equipo de Löw es uno de los ocho mejores.

Hungría 0 - Bélgica 4



En el duelo de ex protagonistas de europa, Hungría no pudo revivir épocas doradas. La actualidad de Bélgica con Hazard a la cabeza (un gol) fue demasiado. El primero fue de Alderweireld a los 10. Los tres restantes, en los 12 minutos finales,. lo que obliga a aclarar que no fue un trámite tan desparejo. En esa hora en la que estuvieron a un gol de distancia, los herederos de Puskas presionaron y lograron avanzar varias veces. La falta de precisión los expuso y al final fue goleada.

Italia 2 - España 0



No podría decirse "batacazo" ya que Italia es tetracampeón mundial. Pero su pobre actualidad hizo que llegara muy de punto a este duelo. Capaz de reinventarse, la Azzurra dominó el primer tiempo y Chiellini convirtió el 1-0 a los 33'. España mejoró en el complemento y lo acorraló, pero sin profundidad, mal que la aqueja hace años. Mucha circulación y poco gol. Eso sumado a la comodidad habitual de los de Conte para defenderse. Es su habitat. En tiempo de descuento Pellé puso el 2-0 que fue justo.

 Inglaterra 1 - Islandia 2



El golpe. Si bien nadie espera demasiado de los ingleses, se presumía que superarían los octavos, tras enfrentar a una selección debutante y con más problemas que jugadores profesionales. Pero la gelidez británica pudo más: Rooney la metió de penal a los 4', pero Sigþórsson metió 2 antes de los 20 y los de Hodgson jamás se recuperaron. La cenicienta del torneo se enfrenta en cuartos con Francia.











domingo, 26 de junio de 2016

MESSI LEYÓ LOS DIARIOS

La imagen se repite en loop. Esta vez fue Silva, el año pasado Aléxis Sánchez. Penal decisivo, gol, frustración. Messi no se derrumba: ya lo había hecho tras fallar su disparo. Abrumado por la presión, se sintió derrotado desde el primer tiro. El suyo.

Víctima de la maldición de ser el mejor en un país donde todos lo son, Lionel Messi anunció tras el subcampeonato argentino en la Copa América que la selección era un tema terminado: "No es para mí", dijo serio, aunque sin convicción. Tal vez sea un amague. Tal vez hayamos visto lo último que el mejor tenía para darnos.



Antes de eso pasaron muchas cosas: Vimos la tercer final de Copa América que al líder del Barcelona se le escapaba, también la tercera en años consecutivos. ¿Los motivos? Miles. Suyos y ajenos. Pero en la tierra donde los dedos se usan más para señalar que para sostener lápices y escribir historias propias, ser bueno en algo es una maldición. Se transforma en una carga imposible de tolerar. Nadie nunca hará felices a los argentinos.

Maradona es bueno ahora, de a ratos, cuando se lo compara con el fracasado capitán actual. El resto del tiempo es un drogadicto, un pésimo ejemplo aunque nunca se postuló como tal. Y no sólo se circunscribe a la práctica deportiva. ¿El oído absoluto de Charly García fue valorado? ¿Fuimos nosotros quienes disfrutamos lo mejor de Barenboim, del Che Guevara? A los buenos los empujamos a irse, los ignoramos, les reclamamos, les exigimos y los veneramos cuando otros lo hacen. Sacamos pecho: "es argentino como yo".



Pero somos derechos y alguna vez fuimos también humanos. Entonces tenemos la obligación de recordarle a aquellos que tuvieron la osadía de intentar, que eso es malo. Intentar lleva al fracaso. Porque somos "un país de mierda", porque todo nos sale mal. O porque queremos creer eso. Hay un goce en prolongar la mediocridad y convertirla en la fiesta de todos.

El fútbol es el encargado de mostrarnos en estos tiempos lo más absurdo de eso que se enmascara como el sentir popular. El desconocimiento absoluto de las reglas del deporte lleva a la mayoría a ignorar cuestiones básicas como que en toda competición hay ganadores y perdedores. Que se pierde porque otro te ganó, no sólo porque no tuviste ganas/huevos/mentalidad para ganar. Que los millones de dólares los tienen todos, y que el "hambre" en este deporte descansa en los partidos de ascenso, pero allí escasea el talento. ¿Qué viene primero? ¿El huevo o la gallina (en este caso, la calidad)?


Si Messi se siente genuinamente un perdedor (desde acá no aventuramos pensamientos que sólo él conoce) demostrará cuan hondo puede calar esta cultura berreta del triunfalismo argentino. En un país al que ningún índice de desarrollo, de educación o bienestar le es favorable, se desparrama una exigencia desmedida en ítems atendiendo glorias pasadas. Más que exigir éxitos basándose en logros de otra era hay que preguntarse qué milagro obró en aquellas epopeyas.

Si bien ya se disiparon los nubarrones, ya los niños dejaron de llorar y la mayoría cree que el 10 del Barcelona volverá a jugar para Argentina, no hay certezas al respecto. ¿Será capaz Lionel de creerle a esos enviados divinos que tienen todas las postas? ¿Realmente una parte de él se convencerá de su inutilidad, su incapacidad de dar lo mejor en la selección? Una cosa es certera. Como alguna vez dijo Passarella (hosco enemigo de los periodistas), éstos son "los que nunca pierden". Festejan éxitos ajenos, señalan culpables (alguno tiene que haber) en la derrota. Son tan sutiles que convencen al desprevenido de que piensan como él, y que por ende ese individuo construyó esa idea vacía y mediocre que va a distribuir.


¿Será acaso todo culpa del periodismo? Claro que no. Antes que corporativamente el gremio salte a defenderse amparándose en la ya gastada invocación a la libertad de expresión, no cabe margen para aseverar eso. Los deportistas pierden y hacen las cosas mal. Pero no fracasan, a menos que empiecen a dejar de creer en sí mismos o se crean que realmente ya no vale la pena intentar. Messi se expuso a ese veneno de la grandeza impostada, de la pereza intelectual que busca un cómplice en el lector. Cuando deje de leer diarios, se convencerá nuevamente de lo que es y volverá a generar noticias. El que tiene que cambiar es él. Ellos seguirán ahí, al acecho de sacarle el jugo tanto a sus podios como a sus tropiezos.